
Por qué tus nervios son automáticos
El agua siempre cae por el mismo sitio.
Cuando llueve en la obra de construcción que tengo enfrente de casa, se forman charcos exactamente en los mismos lugares. Da igual si llueve mucho o poco. El agua encuentra el sitio con más pendiente y por ahí va.
Como en el monte. Como en cualquier riachuelo. El cauce se forma siempre en el mismo lugar.
Tu mente hace exactamente lo mismo.
Cuando llegan los nervios antes de tocar, tu mente se va por el único cauce que conoce.
Empieza a correr por esa autopista neuronal donde solo hay un destino: bloqueo, tensión, dudas, juicio.
No es que lo elijas. Es que no hay otra ruta construida aún.
Y lo peor es que da igual cuánto estudies, cuánto te prepares, cuánta confianza tengas en tu obra. La autopista sigue ahí. Y sigue llevando al mismo sitio.
Hasta que algo interrumpe ese cauce.
El flautista que no podía tocar delante del jurado
Hace tres meses trabajé con un flautista que llevaba años agobiado por algo muy concreto: la sensación de estar siendo observado.
Especialmente delante de tribunales o ciertos públicos.
Me describió lo que sentía: tensión en todo el cuerpo, sequedad en la boca, y algo que me pareció importante: "La embocadura se me vuelve desconocida. Como si no fuera mi flauta."
Y los pensamientos que le venían eran siempre los mismos:
"No les está gustando."
"Les va a parecer poco."
Llevaba años así. Había intentado psicólogos deportivos. Había probado terapia. Pero lo de rememorar el nasado no le convencía y no le aportaba cambios.
Cambiar la imagen, no la situación
Le hice una pregunta:
—Cuando piensas en ese jurado observándote, ¿qué imagen ves exactamente?
Al principio se sorprendió de la pregunta. Pero enseguida descubrimos cómo se estaba imaginando al publico. Me la describió. Y trabajamos directamente con esa imagen.
Usé una metodología adaptada de Steve Andreas, especialmente efectiva con músicos, para modificar cómo su mente procesaba esa imagen del jurado observándolo.
No hablamos de su infancia. No analizamos por qué tenía miedo. Fuimos directo al momento exacto: esa imagen mental que disparaba la tensión.
Al modificar esa imagen, la sensación desapareció.
Le pedí que pensara en el jurado mirándolo.
Silencio.
Me miró extrañado.
—Ahora es como si fueran uno más.
Le pedí que se imaginara otros profesionales en el público. Gente que conocía. Gente que antes lo intimidaba.
Nada.
Intentó varias veces activar la tensión anterior. No pudo.
Su mente había encontrado otro cauce. Uno nuevo. Y ya no podía volver al anterior.
El agua no vuelve atrás
Aquí está lo interesante:
El agua siempre va por donde puede... salvo que algo lo interrumpa. Una piedra. Un muro. Una presa. Algo que le diga: "Por aquí no. Ahora vas por otro sitio."
Entonces cambia. No se fuerza. No hay que empujarla. Simplemente encuentra otro cauce.
Y eso es exactamente lo que pasa cuando identificas y cambias la imagen mental que dispara tus nervios.
No necesitas "vencer" el miedo. No necesitas ser más fuerte. No necesitas mentalizarte ni convencerte de nada.
Solo necesitas que tu mente encuentre otra ruta. Una donde esa imagen ya no active la misma respuesta.
Después del trabajo
Hoy el flautista me escribió.
Tiene una prueba importante la semana que viene. Me dijo que entra a los solos con una seguridad interna que no había sentido en años.
No porque se esté forzando a sentirse seguro. Sino porque su mente ya no tiene acceso al cauce anterior.
La imagen del jurado observándolo ya no dispara nada. Es, literalmente, "normal". ¿Importante? Mucho. Pero también normal.
¿Y si tu mente también pudiera elegir otra ruta?
No se trata de ser más fuerte que tus nervios.
Se trata de que tu mente deje de tener ese camino disponible.
Cuando el agua encuentra un nuevo cauce, nunca vuelve al anterior.
Tu mente tampoco.