Viola

Los nervios y el miedo escénico no son abstractos.

December 19, 20255 min read

Por qué tus nervios escénicos no desaparecen (y cómo sí puedes eliminarlos)

Nadie tiene miedo escénico “en general”.

Es algo muy concreto, que aparece en momentos muy concretos: cuando piensas en exponerte, cuando recuerdas el último fallo, cuando escuchas ese “te toca” que se clava en el pecho, cuando se acerca ese solo que ya te pone tenso con solo imaginarlo.

Y justo ahí… aparece lo de siempre. El temblor. La sensación de que no estás en ti. Tu mente que va por un lado, y tu cuerpo por otro. Es como si, en ese instante, solo tuvieras una puerta por la que pasar. Y siempre es la misma: la de los nervios, la del bloqueo, la de “otra vez igual”.

A eso lo llamo bloqueo emocional: sentir una emoción que no te sirve, ante una situación que se repite, sin poder evitarlo ni tener el control.

El problema del método convencional

Durante años trabajé con músicos desde el enfoque clásico: conversaciones profundas, autoconocimiento, preguntas, reflexiones. Era miembro de la ICF y hacía bien mi trabajo. Muchos clientes estaban razonablemente contentos.

Pero algo no terminaba de encajar.

Había sesiones que daban vueltas sobre lo mismo. Conversaciones que se sentían como bucles. Y músicos que, tras varias sesiones, simplemente dejaban de venir. Sin grandes avances. Sin resultados reales.

En esa época empecé a ir yo también a un psicólogo, por un tema de pareja. Fui con ganas, con ilusión de encontrar una solución. Pero me pasaba la hora hablando de mi padre, mi madre, mi infancia… Semana tras semana. Hasta que un día, sin saber bien por qué, empecé a sentirme peor. Dejé de ir.

Y volviendo a casa, empecé a pensar en mis propios clientes. Ellos también descubrían muchas cosas. Tomaban conciencia. Pero… ¿conseguían lo que realmente querían?

La pregunta que lo cambió todo

Un tiempo después escuché al Dr. Richard Bandler decir algo que me atravesó:

“La pregunta ‘¿por qué?’ no da la solución.

Si el coche no arranca, ¿qué quieres: que te expliquen por qué no arranca, o que te lo arreglen?

Si vas al dentista, ¿quieres saber por qué te duele la muela… o que te quiten el dolor?”

Ahí me di cuenta: la forma convencional de ayudar a una persona se parece más a entender el problema que a resolverlo. Y eso, cuando estás sufriendo, no basta.

El Dr. Bandler proponía algo distinto: ir al momento exacto en el que aparece el bloqueo, detectarlo y cambiarlo.

Porque los nervios escénicos son como el agua cuando llueve.

El agua siempre baja por el lugar de más pendiente. No piensa, no decide, simplemente cae por donde siempre cae: por la esquina de la acera, por el cauce del río, por la grieta de la pared.

Y así funciona tu mente.

Cuando piensa en exponerse, cae por el camino de siempre: el de los nervios, el del miedo. No importa si estás preparado, si tienes talento, si has estudiado. Tu mente hace lo que ha aprendido a hacer: reaccionar así.

Salvo que algo lo cambie.

Una pared. Una presa. Una nueva dirección.

Si cada vez que piensas en tocar sola, o en presentarte a una audición, o en dar una clase… te sientes mal, no es porque seas débil. Es porque tu mente solo tiene ese camino disponible.

Y si no hay otra ruta… no hay libertad.

Desbloquear es aprender a sentirte diferente

La buena noticia es que sí puedes cambiar esa ruta.

No hace falta resignarse. No hace falta “mentalizarse” para soportar el miedo. Y no hace falta hacer terapia eterna.

Desbloquear es crear una nueva respuesta emocional. Una nueva red neuronal. Una puerta nueva. Es aprender a sentir algo distinto en ese momento exacto donde antes solo aparecía miedo.

Recuerdo a una cantante, mezzosoprano. Llevaba dos años sin presentarse a audiciones, porque en la última, los nervios fueron tan fuertes que no pudo ni sacar sonido.

Empezamos a trabajar sus bloqueos de forma concreta:

Se sentía mal al pensar en cantar de solista.

Recordaba situaciones en las que se quedó en blanco.

Solo con oír “te toca”, su cuerpo se ponía en alerta.

Y cuando pensaba en sus capacidades, lo único que sentía era inseguridad.

Después de cuatro semanas, me llamó emocionada.

Había cantado sola, a capella, una obra entera ante cien personas de su coro. Y encima, sin tenerla especialmente preparada. Totalmente tranquila. Por primera vez en años, presente y libre.

Yo estaba tan alucinado que llamé a Diego Guerrero, un crack del desarrollo personal, y le pregunté:

—¿De verdad se pueden conseguir cambios tan rápido?

Su respuesta fue clara:

“¿Qué más pruebas necesitas? Lo has hecho. Y tienes los resultados.”

Unos meses después, esa misma mezzo estaba cantando un papel principal en una zarzuela. En un teatro importante. Y hace poco la vi en otro cartel, de nuevo como solista.

Volvió a cantar. Volvió a confiar. Volvió a ser ella, sin nervios escénicos como compañero de escenario.

El cambio de paradigma

Desde que cambié mi forma de trabajar, los músicos con los que trabajo también cambiaron.

Pasaron de tener sesiones eternas que daban vueltas, a un metodo definido y de dos mese, para conseguir cambios concretos y rápidos.

Recuerdo a un músico que me llamó desde el metro, saliendo de una sesión de grabación.

—Esto lo había evitado toda mi vida —me dijo—. He ganado concursos, tengo premios, pero nunca me había sentido tan cerca de mi mejor versión.

Colgó. Y me quedé en silencio.

Me emocioné. Sin lágrimas. Pero de verdad.

Había pasado de tener clientes que me contaban sus bloqueos, a músicos que me contaban sus sueños cumplidos.

Y eso, para mí, lo cambia todo.

Por cierto: los músicos que superan el los nervios, y la presión en el escenario dieron un primer paso muy sencillo.

Pero eso te lo cuento en otro artículo.

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